Historias CRIVER

KARIME YAMILEHT GÓMEZ HERNÁNDEZ

Con sólo mirar a sus ojos descubres que Karime es una niña de 5 años con muchas ganas de vivir, a pesar de padecer cuadriplegia espástica moderada y una ligera parálisis cerebral; no hay nada que la detenga.

La gestación de Karime, se dio de manera normal, pero al cumplir los 9 meses, los médicos decidieron provocar el parto rompiendo la fuente, pues ya había pasado la fecha pronosticada para su nacimiento.

Para su mamá, Verónica Hernández, el procedimiento era normal hasta el momento en que vio por primera vez a Karime: “Su carita estaba morada y yo les pregunté a los médicos si había pasado algo malo y ellos me contestaron que estaba así por que tenia frió”.

El tiempo trascurrió y Karime se desarrolló con normalidad; a los 10 meses caminaba en la andadera y empezaba a balbucear sus primeras palabras.

“Noté que Karime arrastraba su piernita izquierda, lo cual no se me hizo normal y acudí de inmediato con un pediatra, el cual le diagnosticó un problema en la cadera” cuenta Verónica.

Durante el mes que siguió después de la consulta, Karime dejó de utilizar su mano izquierda y sentada en la andadera no hacía el intento de caminar. Angustiada su madre acudió una vez mas al pediatra  para ser valorada de nueva cuanta. Los médicos sólo se dignaron a decirle que la culpa era de ella. De esta manera acudió a un neuropeditra quien le realizó varios análisis los cuales no arrojaron nada, es decir, estaba clínicamente sana.

Verónica recuerda que “cada día iba dejando de hacer algo: “poco a poco su mano izquierda se le cerraba y ningún médico me decía qué pasaba con Karime, en todos sus estudios salía bien”.


Nadie podía explicar qué sucedía, finalmente uno de tantos especialista le dijo a Verónica, “vamos a suponer que le afecto el problema al nacer, no la voy a engañar, Karime siempre será así”

Verónica sintió una puñalada al oír eso y la moral se le vino a  abajo, hasta que conoció a la doctora Matilde Magaña quien le inyectó ánimos para acudir a una institución para niños con Síndrome de Down.

“Karime se convirtió en una muñequita de trapo, perdió toda movilidad y no se podía sostener para nada, su padecimiento tocó fondo” recuerda Verónica.

En los tres años que estuvieron en esa institución su mejoría se fue dando paulatinamente hasta que llegaron a CRIVER.

Karime es orgullosamente una niña CRIVER y su expediente lo constata pues es el número 2, cuenta con un año de arduo trabajo dentro de esta enorme familia.

“Ella ya no hacía nada y en CRIVER empezó a hablar mediante su tratamiento en terapia de lenguaje y en terapia física logró abrir su manita y los pies los puso derechos, realmente se ha notado el cambio”.

Para Verónica y Karime no ha sido fácil, sin embargo, se pusieron las pilas y tomaron parte incluso de la promoción de CRIVER, durante los eventos previos al VERATÓN.

“Hemos participado en los eventos que ha realizado CRIVER antes de su inauguración y después en lo que hemos podido pues el apoyo que tenemos aquí no lo hemos conseguido en otra parte.

Mirando hacia atrás Verónica recuerda que: “si les hubiera hecho caso a esos médicos no estaría con tanta mejoría como ahora; no voy a ser eterna, tengo que hacerla independiente; lo que sería poco para unos padres ver a sus hijos hacer, para mi es mucho y por ello tengo la firme convicción de ponerla de pie”.